miércoles, 26 de junio de 2013

“Acérquense al borde”
“No podemos tenemos miedo”
“Acérquense al borde”
“No podemos nos caeremos”
“Acérquense al borde”
“Y se acercaron”
“Y los empujó”
“Y volaron”
Guillaume Apollunaire
Poeta y filósofo Francés
1880-1918

El psicoanalista francés Jacques Lacan elaboró teorías sobre la mirada del otro –para él, un tema independiente del género-, y determinó que nos acompaña siempre: es inherente al ser humano. Cuando nacemos, esa mirada está constituida principalmente por la madre y, en menor medida, el padre. Es gracias a ella que construimos nuestra subjetividad. A medida que crecemos, esa mirada se va extendiendo a quienes compartan las siguientes etapas de la vida: los amigos, los pares, la pareja, los hijos, los nietos... Y a pesar de que no es imposible, resulta muy difícil aislarse completamente de ella.
Enfoco hoy otro tipo de mirada sobre la discapacidad, la que yo llamaría “angelito venido del cielo”.
Cuántas veces he escuchado este tipo de definiciones: -“Dios los ha elegido para depositar este tesoro en su familia”. “Debes ser una madre muy especial para que hayas sido escogida”.
Y declaraciones del tipo; “Desde que llegó a nuestra vida, empezamos a vivir en otra dimensión”, “Entendemos que Dios/el Universo/el Destino/  ha puesto en nosotros una misión especial”. “Él/Ella ha traído luz a nuestras vidas”
(Sin desmerecer el hecho que nuestra vida cambia y SI!, empezamos a ver la vida de otra forma). Siempre digo que entrar en la discapacidad es como tomar la pastilla de “la matrix”, empezamos a ver cosas que el mundo a nuestro alrededor no ve.
Pero volvamos al tema:
“Ellos no tienen maldad”, “son puro amor”, “ángeles enviados del cielo”.
Muchas veces estas definiciones puestas sobre (o por)  la familia definen la mirada que la familia tendrá sobre este “hij@.
Mirada condicionada por el entorno, mirada desde un lugar que me coloco y lo coloco al otro.
Ahora cuando bajamos al plano material, a la tierra donde vivimos, empiezan algunas contradicciones.
Porque como ponerle límites a un angel? Cómo educar una bendición? De que forma decirle a la terapeuta que “un ángel” me agota?
Y ese “ángel” comienza a tener actitudes que no nos cierran, sobre todo cuando vamos a casa de amigos y empieza a ser ingobernable, cuando comenzamos a dejar de ir a un restaurant porque es imposible sentarlo a comer, cuando los gritos y saltos que a nosotros nos parecen tan simpáticos y liberadores, a “la gente que no entiende”  le parecen simplemente un capricho.
Y qué decir cuando “el angelito” crece y comienza a tener actitudes difíciles de definir para una ángel, no es que los ángeles eran asexuados?
Y de golpe, esa escuela/ instituto/centro donde nuestro hijo/a concurría con tanta alegría, comienza a decirnos cosas que nos nos gustan y empiezan a ser nuestros “oponentes”, con sus sonrisas, con sus lindos modos le quieren cortar las alas al “angelito”, o nos dicen que tiene novia/o,- horror! - “novia mi bebé”?!! -donde se ha visto? -Eso pasa porque en ese lugar no tienen control! Mejor nos vamos, nuestro hijo ha cumplido su ciclo.
Podría seguir con este relato porque se prolonga en el tiempo, pero simplemente me gustaría decir que lo importante es ACEPTAR.
Aceptar a cada persona con sus defectos y virtudes, y ser sinceros, a veces estoy cansada, a veces me molesto, a veces no tengo fuerzas, no soy la mejor mamá, mi hijo/a no es el mejor hijo/a con discapacidad, somos simplemente nosotros, el resultado de distintas familias, de distintas formas de ser, haciendo lo mejor que podemos para ayudar, para contener, para acompañar, para elaborar opciones. Que a veces salen bien, a veces más o menos, pero de todo se aprende.
Que estamos en una sociedad que le cuesta ver, aceptar  y que tenemos un  trabajo múltiple que no pasa por atropellar, sino por luchar por lo mejor, entender a los otros, y presentarnos lo mejor que podemos para ejercer nuestros derechos desde la constancia, desde la perseverancia, desde la misma tolerancia.
Porque muchas veces nosotros no aceptamos a otro con sus defectos (y me refiero a aquel que nos mira “distinto! o que nos mira mal y no puede comprender que el entorno nos facilita o entorpece el accionar).
Si no toleramos a aquel que solo mira su ombligo y nada le importa, como podernos lograr que este cambio empiece no solo desde legislar y establecer leyes, sino también desde el uno a uno? Desde los vecinos y familiares, educadores,  que puedan comprender que pueden incluirme con solo extender un poquito la mano.Esto implica también aceptar opiniones y escuchar.
 Los hombres que intentan hacer algo y fallan son infinitamente mejores que aquellos que no intentan nada y tienen éxito.

Lloyd Jones

2 comentarios:

Marcelo Muñoz dijo...

Muy interesante lo que planteas en los artículos, sobre todo las preguntas que dejas para pensar. Cuando los leí me acordé lo que decía Pichón Riviere del proceso de adjudicación y asunción de roles que se da en los grupos. Ya que el aprendizaje de los roles sociales se da en las primeras relaciones sociales en el grupo primario, es decir la familia, puede aplicarse. Decía que en todo proceso grupal existe un interjuego en el cual un individuo o grupo le informan (implícitamente) a otro individuo, que rol deberá actuar. Es decir que se pondrá sobre él una expectativa de cual deberá ser su comportamiento. Quizás se pueda relacionar con el tema de la mirada y la expectativa de rol que la misma produce.
El individuo puede aceptar o rechazar el rol de alguna manera impuesto, pero me pregunto qué posibilidades reales tiene una persona con discapacidad de rechazar el rol que su familia y la sociedad le adjudican.
Otro punto importante es que lo saludable es que los roles no sean rígidos, sino que puedan ser intercambiables de acuerdo a las circunstancias, necesidades y al paso del tiempo.
Quizás parte del desafío también pase por cuestionar los roles rígidos y estereotipados que todos solemos adjudicar, y por lo menos, intentar cambiar o ampliar las expectativas en cuanto al rol que ocupan las personas con discapacidad, tanto en la familia como en la sociedad y en las instituciones.

Ana Lucrecia Dolce dijo...

Gracias Marcelo!
Un aporte valioso verdaderamente, el hecho de considerar la no rigidez de los roles es un punto importante a tener en cuenta en el trabajo con la familia, a veces cuesta tanto la aceptación de la discapacidad que (cuando se logra un equilibrio, uno se "acomoda" y cuesta seguir considerando el crecimiento y cambio de la persona, para acompañar el proceso.